Educación en valores de estudiantes universitarios

REVISIÓN BIBLIOGRÁFICA

 

Educación en valores de estudiantes universitarios

 

The education of values in university students

 

 

Raidel González Rodríguez,I Juan Cardentey GarcíaII

I. Doctor en Medicina, Profesor Instructor. Policlínico "Raúl Sánchez". Calle Raúl Sánchez, esquina Garmendía. Pinar del Río. Cuba. CP. 20 100. rgonzalez@princesa.pri.sld.cu
II. Doctor en Estomatología, Especialista de I y II Grado en Prótesis Dental y Estomatología General Integral. Máster en Salud Bucal Comunitaria y en Urgencias Estomatológicas, Profesor Auxiliar, Investigador Agregado. Clínica Estomatológica "Ormani Arenado Llonch". Alameda No14. Pinar del Río, Cuba. CP. 20 100 cardentey@princesa.pri.sld.cu

 

 


RESUMEN

La educación de valores es una exigencia clave para el siglo XXI dado los imperativos del mundo contemporáneo. El presente artículo tuvo como objetivo determinar los presupuestos teóricos de la educación en valores en estudiantes universitarios. La concepción de valores está dirigida al desarrollo de la cultura profesional como proceso activo, complejo y contradictorio en el que intervienen diversos factores socializadores. Es un proceso sistemático, pluridimensional, intencional e integrado que garantiza la formación y desarrollo de la personalidad del estudiante universitario.

Palabras clave: valores sociales; educación; estudiantes; educación superior.


ABSTRACT

The education of values is a key demand in the XXI century due to the imperatives of the contemporary world. The objective of the present article was to determine the theoretical foundations of values education in university students. The concept of values is directed towards the development of professional culture as an active, complex and contradictory process in which different factors take place. It is a systematic pluridimensional, intentional and integrated process that guarantees the formation and development of university students´ personalities.

Keywords: social values; education; students; higher education.


 

 

 

INTRODUCCIÓN

La educación de valores es una exigencia clave para el siglo XXI como proceso que sirve para adaptarse a los imperativos del mundo en constantes cambios, transformaciones, particularmente en las universidades como expresión del desarrollo social, por lo que debe exigirse el derecho a ella y asumir el deber de integración para su cuidado.1

Cuba desde el triunfo revolucionario en 1959 ha sostenido como pilar indiscutible consolidar el desarrollo de la educación, para ello llevó a cabo una campaña de alfabetización en la que se declaró a la nación el 22 de diciembre de 1962 Territorio libre de analfabetismo, lo que constituyó un paso esencial en el logro de la justicia social y la equidad.

Educar en valores desde el punto de vista filosófico no es más que liberar las fuerzas existentes en la persona, despertar o avivar su capacidad de elegir opciones libremente, considerando la responsabilidad inherente a cada elección, en definitiva, ayudarle a descubrir los valores que viven, a analizarlos, criticarlos, hasta que lleguen a ser verdaderamente suyos.2 Para ello se cuenta con los centros de enseñanza que constituyen instituciones relevantes de la educación axiológica.

La educación de valores no es estática, sino que es un proceso sistémico, dependiente de las circunstancias sociales, económicas, políticas y del entorno físico; consecuentemente debe concebirse en acciones sistemáticas, oportunas y viables para mejorar continuamente la situación biopsicosocial de la población en cada contexto.3,4

Los estudiantes que se forman en las universidades deben caracterizarse por su competitividad en el desempeño laboral científico técnico con sólidos principios éticos, políticos e ideológicos acorde a las exigencias de la profesión.

Algunos afirman que se vive en una sociedad sin valores; otros advierten que han aparecido nuevos asociados al actual paradigma socioeconómico y cultural; también hay quienes expresan que el problema está en la existencia de multivariedad de valores, lo que produce confusión y desorientación en la actuación y valoración de los seres humanos.

Se requiere entonces de la contextualización y personalización sistemática en cuanto a conocimientos y valores para el perfeccionamiento del proceso de enseñanza aprendizaje y por tanto, la formación como profesionales con las exigencias que demanda la sociedad actual.5 Integrar los valores al aprendizaje de manera intencionada y consciente significa no sólo pensar en el contenido como conocimientos y habilidades, sino en la relación que ellos poseen con los valores.

Para analizar el estado de la temática se llevó a cabo un estudio a partir de los criterios de autores y resultados que se expresaron en artículos publicados en las bases de datos SciELO, Medline y Lilacs, en las que se accedió a información relacionada con la educación en valores en estudiantes universitarios. Fueron empleados además referencias de artículos y otros documentos publicados en revistas cubanas y textos nacionales e internacionales dirigidos a dicha temática. Asimismo se consideraron documentos rectores como el Programa Director para la educación en el sistema de valores de la Revolución Cubana,6 se hace referencia a que la educación en valores es una prioridad del Estado y el Gobierno cubano, en especial en la formación integral de las nuevas y actuales generaciones de cubanos por diversas vías.

Se destacan las contribuciones de Bujardón Mendoza,7 Socarrás Sánchez,8 Mugarra Romero.9 En la Universidad de Ciencias Médicas de Camagüey se implementó el proyecto de investigación institucional Perfeccionamiento de la educación en valores en la Educación Médica Superior.

Para acometer los retos que se propone la educación superior sobre la educación en valores humanos es evidente la necesidad de propiciar el desarrollo de este proceso para su incidencia en los estudiantes.

A partir de lo expresado se realizó el presente trabajo con el objetivo de determinar los presupuestos teóricos de la educación en valores en estudiantes universitarios.

 

DESARROLLO

El proceso docente educativo está concebido para educar valores, particularmente en estudiantes universitarios; para lograrlo se necesita encaminar el mismo hacia el modelo ideal de formación, desarrollar el vínculo con la realidad a través de la formación socio humanista y determinar estrategias didácticas que involucren a los galenos en una actividad consciente, protagónica y comprometida.

En uno de los trabajos de Bustamante y Camejo10 se aborda la necesidad de formar un hombre nuevo en el período de construcción de la sociedad y expone como fundamentos que la imagen de ese hombre que se quiere con los nuevos valores y conciencia socialista, todavía no estaba formada, por lo que desde los escenarios docentes debe fomentarse la educación de estos procesos para poder desarrollar y transformar el futuro.

En ocasiones existen factores o condiciones que afectan, de alguna forma, los procesos educativos de valores en estudiantes universitarios; por ello es esencial colocar en el centro del objetivo el papel del profesor universitario como protagonista, transformador, cultivador y principal responsable; sin duda, un tema que responsabilizan a todos los que laboran en este empeño,11 lo que exhorta a la adecuada formación científica y de superación de los profesionales, así como al empleo de adecuadas herramientas en aras de brindar una educación de valores de manera progresiva.

Actualmente los valores deben ser contextualizados y dirigidos hacia los estudiantes universitarios; son cualidades de la personalidad profesional que expresan significaciones sociales de redimensionamiento humano y que se manifiestan relacionadas a los modos de actuación.12 Sus principios interiorizados conforman la esencia del modelo de representaciones personales, constituyen el contenido del sentido de vida y de la concepción del mundo, permiten la comprensión, interpretación y valoración del sujeto; brindan la posibilidad de definir el proyecto de vida integrado por objetivos y finalidades para la actividad estudiantil, profesional y social.

La educación en el trabajo en la enseñanza universitaria tiene como objetivos la contribución a la reafirmación de conocimientos y enseñanza de valores, el fortalecimiento de habilidades y hábitos prácticos que caracterizan las actividades de los estudiantes universitarios, se le dedica un cúmulo de horas importantes dentro del diseño curricular.13

Las condiciones que se emplean en dicho proceso no se enseñan o aprenden, ya que la educación de valores debe poseer un carácter intencional y consciente, no sólo por parte del educador, sino también del educando, quien debe asumir dicha influencia a partir de las exigencias sociales y profesionales.

Dentro de las condiciones necesarias para la educación de valores se destacan:

1. Caracterizar al estudiante en cuanto a determinantes internas de la personalidad como intereses, valores, motivación, actitudes y proyecto de vida.
2. Conocer los entornos familiar, universitario y social donde se desempeñan los estudiantes para poder determinar sus actuaciones y necesidades formativas de valores.
3. Definir modelos de educación de valores para los estudiantes universitarios.

Para lograrlo se necesita el desarrollo de la capacidad valorativa en el estudiante, permitiéndole reflejar adecuadamente el sistema objetivo, así como desarrollar la capacidad transformadora con significación positiva hacia la sociedad.

La educación de valores en los estudiantes universitarios está dirigida hacia el desarrollo de la profesión y constituye un pilar fundamental dentro de la enseñanza profesional. Las universidades tienen el reto de tener en cuenta las condiciones positivas que favorezca dicha enseñanza.14 Dichos elementos son componentes esenciales de cada estudiante, donde sus contenidos y formas de expresión se resumen a través de conductas y comportamientos.

Es importante para educar valores la acción planificada, intencionada y orientada que ejercen la familia, escuela y comunidad mediante el ejemplo personal en las actuaciones de los adultos responsabilizados con el encargo social de la formación de las nuevas generaciones,15 las cuales garantizarán el progreso y desarrollo justo de la sociedad, así como la enseñanza y transmisión de experiencias a las futuras generaciones.

Las universidades han obtenido valiosos resultados en el logro de la vinculación entre las actividades académica, laboral e investigativa. Para poder convertir a Cuba en una gran universidad, es necesario que todo profesional sea, potencialmente, un profesor universitario.16 Por lo que se debe fomentar desde etapas tempranas del pregrado, la formación pedagógica y de valores en los estudiantes.

En la actualidad se requiere como complemento de la profesionalidad docente el empleo frecuente de las tecnologías y coberturas informativas de actualización mediante iniciativas y creatividades, así como estrategias para la solución de problemas para perfeccionar el proceso docente, implementar el trabajo en equipo en función de colegiar el progreso exitoso de su gestión.17 Se aspira entonces a un ser humano con una moral superior de estudio y trabajo, de relaciones con la sociedad en la actividad profesional a desempeñar, ajena a toda manifestación individualista.

En la búsqueda de la excelencia profesional y de valores es necesario alcanzar un desarrollo continuo de la enseñanza universitaria sobre bases científicas que sustenten la toma de decisiones y el quehacer diario de la educación superior. En ese proceso, el trabajo educativo resulta ser un elemento esencial donde se planifica, organiza, regula y controla el proceso curricular18 involucrando no solamente a estudiantes y profesores, sino también el impacto de medios de enseñanza y tecnológicos aplicados hacia la educación de valores de manera racional y consciente.

Se coincide con Serra Valdés19 donde ilustra distintas realidades de la dimensión ética de la atención médica cubana, así como la concepción de valores, dejando claro el rol de las universidades y sus claustros profesorales en la solución de estas como legítimo reclamo de la sociedad.

Autores como Amaro20 y Pernas et al21 han resaltado la importancia del ejemplo de los docentes y estudiantes, porque las potencialidades para el convencimiento que tiene el ejemplo que ofrece sistemáticamente cada profesor dentro y fuera de los escenarios mediante su actuación profesional y humana son inagotables; y si se trata de la interacción que se establece entre los estudiantes universitarios y sus profesores, no solo se convence sino que se pueden lograr transformaciones relevantes en la personalidad del educando.

A pesar de que el Nuevo Modelo Pedagógico pretende la construcción de valores, principios, conocimientos prácticos y científicos como señala Amaro20 son muy pocos los programas actuales de disciplinas y asignaturas en la carrera de medicina que declaran su sistema de valores como parte de los contenidos, incluso en aquellas que lo tienen no aparecen orientaciones metodológicas específicas para trabajarlos, a pesar de la complejidad pedagógica y psicológica de ese proceso, y menos aún cómo evaluar su aprendizaje, lo que constituye una insuficiencia en el tránsito necesario del macro al micro currículo.

Es válido mencionar la experiencia de Castro Bosch et al,22 los cuales consideran que el proceso de integración de lo social se analiza como interacción con los miembros de la comunidad, y tiene como eje esencial y mediador a la comunicación en los procesos educativos de valores, la cual cumple el rol de ser un mediador sociocultural.

La conformación del banco de valores constituye según Bujardón Mendoza7 un tipo de trabajo metodológico que se diseña a partir del estudio de caracterización de las etapas de desarrollo de la personalidad del individuo. El mismo tiene por base el reconocimiento de los diferentes tipos y niveles de la enseñanza en el proceso formativo de valores; hace énfasis en el papel de las disciplinas y asignaturas dentro de la dimensión curricular y reconoce el lugar significativo que corresponde a los objetivos de las actividades extracurriculares. Se destaca aquí la importancia de las actividades extracurriculares que juegan un papel fundamental en la formación integral de los estudiantes.

Los universitarios requieren que los vean, los escuchen, los sientan pensar. Una vez que esos ellos entran en contacto con profesores de elevada preparación científica y humanística, que han visto, oído, y sentido el fervor de aquellos que buscan desinteresadamente la verdad, estarán motivados para continuar incorporando y desarrollando valores. Por el resto de sus vidas, o de sus carreras, esas personas llevarán dentro de sí alguna defensa contra el vacío interior y eso también significa expresar valores23 y mantener un compromiso permanente con la verdad y con el bien.

Si la universidad es ejemplo en la construcción de valores, se estará en el camino de formar un estudiante activo, motivado, interesado por aprender durante toda la vida. Se necesita entonces de una pedagogía estimulante de la discusión, aunque la sustancia del debate no refleje más que la ignorancia acerca de los aspectos más elementales de lo que se discute.24 Solo así se formarán estudiantes universitarios entrenados en comprender la complejidad, enfrentados con la dificultad y ejercitados en la abstracción, siempre dotados de un profundo sentimiento humanista.

El profesor sirve de modelo profesional a reproducir por el alumno, dirige y corrige su interacción con el objeto y la búsqueda y asimilación de la teoría pertinente, asume principalmente una tarea paradigmática, sirve de modelo profesional a los estudiantes y también de orientación y dirección de su aprendizaje, fundamentalmente de la formación de valores.24 Es por ello que profesores, escuela, familia y sociedad constituyen referentes que necesita el estudiante universitario para formar y desarrollarse integralmente.

Se aspira a estudiantes integrales que practiquen la honradez, bondad, modestia, solidaridad, responsabilidad, amistad, fortaleza, respeto, prudencia, fidelidad, pertenencia, honestidad, tolerancia, ética y justicia. Se mencionan estos valores sin otorgarle ningún grado de prioridad, considerando que lo importante es que el estudiante universitario los aplique en las diversas circunstancias en que se encuentre. La integralidad origina que la vida social de dichos estudiantes alcance los más altos elogios que una sociedad puede brindar.

En Cuba se han puesto en práctica múltiples experiencias para educación en valores desde la Educación Superior. García Chediak et al25 han insistido en la necesidad de desarrollar el deber ser, el cual definen como la actitud, el comportamiento y la voluntad de los individuos para realizar de forma particular los actos, deseos y otras especificidades del orden psicológico, los que cualifican y constituyen rasgos representativos y específicos en los que se manifiesta el carácter de la persona ante lo positivo y lo negativo, en el proceso formativo de los futuros profesionales en el nivel superior. Se consideran interesantes sus postulados si se parte del hecho de que el proceso formativo de los futuros profesionales en el nivel superior tiene como principal deber ético el formar hombres para la vida.

Lo anterior significa lograr en los educandos cualidades morales y políticas que les permitan asumir las actitudes y los deberes exigidos por cada escenario y momento histórico. Lo cual debe lograrse a través de un proceso de crecimiento personal sistemático que los aproxime al modelo de ciudadano que requieren los actuales y los futuros tiempos, para ellos mismos y para el país y el resto del mundo, recordar que la solidaridad es uno de los valores esenciales. Se coincide con el bioeticista Smith26 cuando expresa que el ejercicio de la solidaridad es la acción que más satisface cuando se práctica adecuadamente.

El proceso formativo de los estudiantes universitarios tiene que ser un modelo de las cualidades humanas y las capacidades que deben caracterizar al profesional cubano. Dichas cualidades morales estarán realzadas por la actitud y los conocimientos profundos, sistemáticamente perfeccionados. Los profesionales cubanos estarán comprometidos con su deber y serán incondicionales, dispuestos, innovadores activos y conscientes cumplidores de su compromiso esencial.27

Socarrás Sánchez8 ha propuesto un manual para el trabajo educativo del profesor guía. La importancia de este material consiste en que contribuye a elevar la preparación de los docentes para perfeccionar el proceso de educación en valores. Cabe resaltar además los planteamientos de los autores De Armas García et al28 cuando esgrimen que la calidad en la formación integral no solo depende de los conocimientos y habilidades que desarrolle en el currículo universitario, sino también de los intereses y valores que regulan su actuación profesional a través de acciones planificadas en el proyecto integral de trabajo educativo.

Por otra parte Mugarra Romero et al9 hacen énfasis en la dimensión curricular como el proceso fundamental de la vida universitaria, en la cual se desarrolla la labor educativa sobre la base del carácter científico del conocimiento, con el propósito de formar un profesional de excelencia académica, de valores revolucionarios y con una sólida formación social humanística. En concordancia con lo anterior se considera que la dimensión curricular es la más efectiva para llevar a cabo la educación en valores, pues permite que la labor educativa que realiza el profesor penetre más directamente por medio de las asignaturas que explica, por su consagración, su ejemplo personal, decoro y compromiso social.

Educar en valores sin lugar a duda constituye un proceso continuo que comienza en la familia y se extiende más allá de la universidad. Para un estudiante universitario no solo es importante recibir una cultura que contribuya al fortalecimiento de su concepción humanista, sino también una mejor comprensión de la valoración de la relación profesional.29

La sensibilidad por la actividad profesional, así como la satisfacción por la obra a realizar por parte de los estudiantes universitarios, se logra a través de valores como el altruismo, colectivismo, compañerismo, la correcta conducta social, el estudio consciente y sistemático, la honestidad, el mérito, el patriotismo, la fidelidad a la Revolución, la solidaridad y la virtud.

 

CONCLUSIONES

La educación de valores en estudiantes universitarios constituye un proceso sistemático, pluridimensional, intencional e integrado que garantiza la formación y desarrollo de la personalidad del futuro profesional; lo cual se concreta a través de lo curricular, extracurricular, extensionista e investigativo, la educación en el trabajo y en toda la vida. La interrelación entre ciencia, docencia y profesión, desempeña un importante papel en su formación.

Las universidades tienen la responsabilidad de potenciar su función formativa con un carácter educativo para lograr profesionales integrales y competentes. Ello constituye un reto para los profesores y trabajadores de las instituciones, los cuales deben exigir la interdisciplinariedad desde el propio proceso docente educativo, centrado en los estudiantes; lograr integración coherente de todos los componentes didácticos, lo cual es muy importante en la dinamización de la actividad.

 

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Recibido: 21/10/2014
Aprobado: 8/3/2016

 

 

Raidel González Rodríguez. Doctor en Medicina, Profesor Instructor. Policlínico "Raúl Sánchez". Calle Raúl Sánchez, esquina Garmendía. Pinar del Río. Cuba. CP. 20 100. rgonzalez@princesa.pri.sld.cu



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